EN EL IR, NO PUEDO ESPERAR

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LEMA ORANTE:

EN EL IR, NO PUEDO ESPERAR.

DR. JOSÉ LUIS PADILLA.

Escuela Neijing. Tian. 01/09/13.

Y, en la parte que corresponde a esta especie “humanidad”, es habitual escuchar, durante… el recorrido: “¡Espera!, ¡espera!, espera”… O es habitual que decidan aplazar tal o cual acción.

Y transcurre –mientras tanto y a la vez- nuestra posición en la Creación.

Esto no es fácil de verbalizar, pero… el sentido orante nos trata de decir que, cada instante, cada momento, precisa una respuesta, una acción, un estar, un seguir; que si aplazamos –en la parte que nos corresponde- lo que sabemos que debemos hacer, promover, desarrollar, etc., cuando queramos volver a ello, ¡ya no estamos! –ya no estamos- donde estábamos antes. Estamos ante otros requerimientos. ¡No es ya cuestión de edad! ¡No, no! Pueden pasar… ¡segundos!
La Creación se crea y se recrea, continuamente.
Nosotros estamos en ese proceso. Y cada impulso de vida necesita dar una respuesta; porque cada circunstancia exige un testimonio diferente… porque estamos en diferente momento de la Creación. ¡De ahí que no se pueda esperar!; no se pueda aplazar.

No confundir, esta posición, con “la espera de lo que está por venir”. Pero, en el “ir”, no puedo esperar… porque la respuesta que tengo que dar hoy, no vale mañana.

Esto puede parecer algo ¡muy radical!, pero… tan solo aportarles un dato importante que en otras ocasiones se ha comentado. Verán:

Todo el universo que conocemos –que es, por las características, una fracción de universo- se expande. ¡Va creando nuevos espacios! ¡Nunca estamos en el mismo lugar!
Eso hemos podido descubrir, científicamente. Si nunca estamos en el mismo lugar, mi respuesta no puede ser la misma, hoy, que mañana:¡porque estoy en un nuevo espacio!…

Evidentemente, nuestra capacidad de consciencia no se da cuenta de ello, pero nuestra capacidad investigadora y de medición, ¡sabe!… que no estamos nunca en el mismo lugar.

¡Quizás! – quizás-, exprimiendo un poco los recuerdos, todos podrán recordar que cuando dieron su testimonio o su respuesta, cuando optaron por una decisión “X” ¡que se les pedía en ese momento!, por las circunstancias, todo transcurrió, de acuerdo a la necesidad, “impecable”. ¡Pero también recordarán que, cuando se les pidió esa respuesta!, esa opinión, y la dieron más tarde, las circunstancias ya no eran las mismas, y las repercusiones eran “di ferentes”.
Todo parece seguro, ¡estable y duro!, pero cualquier descuido es descalabro; es… ¡fracción!

La vida es un acontecer excepcional en el universo conocido, pero también es excepcionalmente frágil. La fragilidad se conserva, y hace que la vida permanezca en la medida en que se re-acomoda, se re-plantea, se re- ¡nueva!… su configuración.

Fíjense: desde el punto de vista molecular, el deterioro del ser humano comienza a los 13 años. Lo que ocurre es que hay una balanza a favor de un desarrollo, pero el deterioro ya ha comenzado. Parece que hay numerosas fragilidades; que las herencias recibidas no son… no están en condiciones de garantizar un proyecto de eternidad. Potencialmente sí, pero, organizativamente, no.
De ahí que, como bien saben, basta que un enzima, un oligoelemento, ¡una fracción pequeñísima!… –invisible a nuestra consciencia, por supuesto, y más aún a nuestra visión- cuando no está… o está mal ajustada, produce un cataclismo en todo el ser.
Y uno podría decir: “¡Pero si tan solo es que… que falta esta pequeña sustancia!¡Si tan solo es…!”.
¡Suficiente!… para que todo el sistema se deteriore.
Ahí se nos muestra la estructura del ser como… no solamente frágil, sino que sus recursos parece que han desaparecido.

En ese “no esperar”, “no aplazar”, la importancia del detalle es trascendente.
“Ayer… no me dijiste adiós, y me quedé sin saber a dónde ir”.
“Ayer, no me diste las buenas noches, y la noche fue ¡terrible!”.
Somos dadores y receptores… de universos… ¡confluyentes!
Cualquier detalle se convierte en espina… o en una flor.
Con facilidad, la espera y el aplazamiento se hacen “alianza” con el recuerdo, el despiste, el “no me he dado cuenta”… –¡cuántas cosas más!-…
Camino de la excepcionalidad, cualquier detalle es fundamental.

El silencio, la prudencia, ¡la pasión!… se entremezclan con sabias posibilidades, cuando estamos dispuestos a escuchar ¡los ecos!… del Universo.
Al aplazar posiciones, se hacen raíces, se hace plomo, se hace peso; se hace ¡muy difícil!, el avance.

De ahí que, cuanto antes demos respuesta a lo que se nos demanda, estemos –al menos- en el inicio de una sintonía vital… universal. ¡No nos preocupemos tanto de lo que quedó pendiente! Eso, quizás ya no vuelva más.
No dejemos que nuestra vanidad posesiva nos estanque, y nos haga perder… la visión de Universo hacia donde nos llevan.

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