En torno a LO ABSOLUTO

La Vida, con mayúsculas, donde estamos todos incluidos, todas las formas de vida, incluidos nosotros, los humanos, aunque desde luego no solo nosotros, no pone PERO-S. Sencillamente ES.

Como sugerencia, fíjense, escúchense cada vez que dicen “pero”… (ese famoso “sí, pero…”). Cada vez que lo hacemos restamos… y la Vida no resta nunca. 

Gracias

Y ahora les presento la oración que el Dr. Padilla expresó ayer en la Escuela Neijing. (para que vean… según estaba escribiendo esto ya iba a poner “es un poco larga pero…” ja, ja) Sin “pero”-s.

Gracias por el  “perseverante” espejo.

LEMA ORANTE: LO ABSOLUTO

DR JOSÉ LUIS PADILLA. 08/09/13

Es habitual percibir si es de día o de noche. Y podemos preguntar: “¿Te gusta más el día o la noche?” “¿Te gusta más el blanco o el negro?”
¿Cómo se llegó a secuestrar… toda la realidad, en dos partes?
La realidad es una secuencia de fracciones, y no “partes”. No se la puede partir; es un plano continuado.
Fíjense en un ejemplo: lo “correcto” y lo “incorrecto”. Si se fijan en el área del lenguaje, ‘co-recto’: algo recto; ‘in-co-recto’: algo recto. Con lo cual, definimos la realidad en un sólo plano, con el matiz… de “in” o sin él. Una realidad de línea recta. Pero sabemos –tanto en el día-noche, como en las líneas rectas- que también hay curvas, triángulos, cuadrados, elipses; también hay mediodías, media mañana, media tarde, ‘al anochecer’…
Sí. Lo sabemos: la realidad no está fraccionada. Pero, en el desarrollo del poder, es obligado ‘dualizar’: “Yo soy bueno; tú eres malo” o “Tú eres bueno; yo soy malo”. A veces, por el contrario, al relativizar cualquier circunstancia, se recurre a… a que “no hay nada bueno”, “no hay nada malo”, “no hay nada malo ni bueno”, pero, finalmente, no hay ¡nada! Ni siquiera “La Nada”, está.
Como habitantes en Lo Divino, como balbuceantes comunicadores y –sobre todo- receptores del mensaje de la Tradición en la revelación, en lo permanentemente Creador, no podemos –porque no conseguiríamos nada-, no debemos –porque no es el débito adecuado- ni quedarnos en el blanco o el negro, ni quedarnos en lo relativo…
La razón, la lógica y la ciencia han conseguido serrar –con una sierra, con un serrucho- la manera de ‘conscienciar’ al hombre –como especie- en el seno del Universo. Al no incluir el Misterio; al no hacerse cargo –como consciencia- de un vivir continuado que no se para, que no se estanca, que continuamente se muta; al quitarnos ese… o esas evidencias, nos arrancan lo Absoluto.
¡Claro! La razón y la lógica tenían que negar cualquier “absolutismo” –que luego se convirtió en política de dictadores, de sátrapas, de ególatras-…
¡No!… No podemos destrozar, sistemáticamente, cualquier opción que nos lleve a ser conscientes de “infinitos”, de “eternos”, de “divinos” –que es realmente la matriz que nos sostiene-. Por ello, no hay que tener precaución ni… rechazo a lo Absoluto; entendiéndose bien –¡bien!-, no como “bueno”, sino entendiendo que “lo Absoluto” es una expresa intención de la Creación, para que nos demos cuenta de que todo lo que acontece –¡todo!- se debe a un enjambre de conexiones, de propuestas y de realizaciones de “Lo Absoluto”. Y llamamos “Absoluto” a aquello que ¡engloba!, que ¡recoge!… ¡todo!; que no dice: “¡Ah! Es maravilloso para pasear o conversar, pero luego…Para comer es horrible, porque sólo le gusta el ajo, la cebolla y el picante. Entonces, está oliendo continuamente a ajo, cebolla y picante”.
Vamos parcializando, sectorizando; y así vamos destrozando, descuartizando, la visión de la realidad. Y así vamos haciéndolo, con las personas, y así vamos diseccionando a éste o a aquél. Y, por ejemplo –para entenderlo-…
“¡Ah!, Luis es un buen hombre, es un buen muchacho, es creativo, es limpio, es alegre, ¡pero!…
–Vino la fractura; ahí está la fractura. Se va seccionando como si se estuviera haciendo una autopsia: te van cortando por trozos…-.
… ¡pero!… en casa es un dictador, y exige que todo se haga según su voluntad, su razón, su criterio”.
En la media en que introducimos el “pero”, ya fraccionamos, sectorizamos y quitamos “el halo –¡real!- de Absoluto” que tiene, cualquiera de las manifestaciones de la vida.
¡No podemos renunciar a nuestra presencia en “Lo Absoluto”!, aunque tenga un fino velo de Misterio –o grueso; no sabemos qué densidad puede tener-.

Y así –así- podríamos entrar en un contacto con la Creación, puesto que no tendríamos “lo bueno” y “lo malo”, y no tendríamos el relativo “pero”, “pero”, “pero”, “pero”, sino que asumiríamos que el caracol…
-¡Oh!¡El caracol es precioso!, pero… va muy despacio.
-¡Vaya, hombre!¡Ponle pegas, vamos…!
Siempre, siempre, siempre, en ese mundo dual, relativo… nada es –¡nada!, ni siquiera la propia Nada- “impecable”.
Si lo vemos desde el sentido de lo Absoluto, de la Creación, solamente una pregunta –que todos pueden contestar-:
Cuando la Creación decidió que se hicieran vida María o José, ¿los hizo ya con algún “pero”?…
“Sí. María, pero…”. “Voy a dar la opción de crear seres con defectos, con virtudes…”. “No. Es que todo el mundo tiene su lado bueno, su lado malo…”.
No. ¡No! Quiero contemplar –en consciencia- “la vida”, bajo el reflejo de Lo Absoluto, de la Fuerza Absoluta de la Creación. Entonces, María es así, José es así, la tortuga es así, el tiburón es así, la ballena es así, el mosquito es así…
¡Fíjense! Recuerden el Génesis: “Y amaneció, y vio… y Dios creó los mosquitos” –por ejemplo-. Y, cuando culmina: “Y vio Dios que era bueno”.
Ahora, no se queden en lo de “bueno”: “Y vio Dios que era absoluto”.
No dice: “¡Bueno! Era bueno hasta cierto punto”. No dice: “¡Bueno! Era relativamente bueno”. No dice: “¡Bueno! Sí, pero… ¡no!”. O no dijo: “¡Bueno!… Está bien, pero ya veremos”. No.
No queremos apoyar en el Génesis el sentido orante de ahora, pero lo traemos a colación para ver cómo, en el pensamiento dominante que nos ocupa, lo Absoluto trata de expresarse ¡en toda su dimensión!
Entonces, cada ser vivo –que viene del mundo de la existencia, que viene del mundo de lo Absoluto, para entendernos, y que aparece como una decisión de la Creación, por una necesidad-, cada ser es… “absoluto”.
Y, como tal absoluto –¡por supuesto!-, él tendrá la potencialidad de descubrirse en sus facetas y en su desarrollo, pero no tiene –no tiene- ¡peros!
Y eso no nos impide que nos atraiga más lo alto que lo bajo, lo rojo que lo verde; que nos guste más el azúcar que el agrio… ¡No! Pero no nos hace rechazar, no nos hace combatir, no nos hace “fraccionar”. Asumimos a Luis, a María, al caracol… como es: con todas sus cualidades, hasta donde soy capaz de ver. No tengo ningún “pero”.
Es francamente –a estas alturas del siglo XXI- difícil desligarse de… el relativo juicio permanente que establecen los seres sobre sí mismos, sobre los demás, y sobre las demás especies.
Y alguien podría decir –o muchos podrían decir-: “Yo jamás tendría, de animal de compañía, a una gallina. ¡Jamás!”. En cambio, millones de personas dirían:
-Yo tendría, con mucho gusto, un perro en mi casa. O un gato.
-¿Por qué no acepta usted a la gallina?
-¡Hombre!, porque va manchando todo por todos los la’os.
-Bueno. Edúquela. ¿No ha educado al perro? ¿O el perro se ha educado solo?
-¡Hombre! Pero ¿cómo vamos a educar a una gallina a que haga sus necesidades?
-¡Sí!¡Edúquela! Que las haga en un sitio concreto, como lo hace el gato, por ejemplo.
-Eso es imposible.
-¡Inténtelo, hombre!¡Persevere!…
A lo mejor no atiende a razones, porque es que… una gallina no es razonable. Pero es absoluta.

Hemos secuestrado al mundo a nuestra razón, a nuestra lógica, a nuestro gusto; y aquello que no se ajusta a nuestra ley y a nuestra norma, lo fraccionamos. Y, en base a la rigidez mayor o menor que tengamos, lo aplaudimos o lo condenamos. Y así, cada ser, desde las algas hasta los hipopótamos, están cargados de defectos, están cargados de imperfecciones. Y resulta entonces la pregunta absoluta, de decir:
“¿Cómo es posible que haya surgido como un insólito momento –así lo concebimos nosotros desde aquí-, la vida, y se haya recreado, expandido y diversificado de tal forma y manera que es inabordable? ¿Siendo modelos defectuosos? ¿Se ha desarrollado un océano de seres –conocidos algunos, y muchos desconocidos defectuosamente? ¿Ha sido un defecto, la creación de la vida, y está defectuosa? –y todos nacen defectuosos- … ¿O más bien es un insólito momento de Lo Absoluto –la vida- que, de momento, pensamos que… sólo anda por aquí? ¡O quizás por otros sitios, pero se nos hacen increíbles! –da igual; hay suficiente misterio para admitir cualquier posibilidad-.”.
Pero asumamos, bajo el sentido de Lo Absoluto, bajo el sentido de Lo Divino, que la Creación –como vida- es absolutamente impecable. Gracias a ello, la vida se genera, se regenera, se recicla, se amplifica… Y ¡nada!… razonablemente entendible –fíjense bien en esto: ‘razonablemente entendible’- hace pensar que la vida vaya a desaparecer. Puede ser que desaparezca esta especie, aquella otra, pero “la vida”…

Entonces, ¿será que la vida es absoluta? ¿El vivir es absoluto? ¿Yo puedo vivir en el plano vibrante de lo Absoluto…? ¿Y, en consecuencia, no ‘terraquizarme’ en si soy bueno o soy malo, o lo hago bien o lo hago mal, sino… globalmente, sentirme en lo Absoluto y sincronizarme, sintonizarme con… todos los absolutos que hay? Que parecen fraccionados, pero es uno solo. “Uno”, por entenderlo –es decir, “uno solo” es por entenderlo, no es que sea “uno” como unidad de “uno, dos, tres”, ¡no!-. Es por entender que Lo Absoluto lo abarca todo.
Y bajo ese concepto de que cada ser es absoluto –y, por tanto, tiene y está en el orbe, en la órbita, en el entorno de la Creación-, bajo esa óptica, bajo la óptica creadora, podemos contemplar, la vida, sin ‘¡peros!’.
Porque, habitualmente, se contempla la vida como una serie de acontecimientos luctuosos, minusválida, defectuosa, caduca…; porque se queda en la fracción, se queda en el relativismo, se queda en el… “bueno”, “malo”, “correcto”, “incorrecto”…
Difícil –como hemos dicho hace un momento- resulta entrar en esa vibración. Es la oración la que nos advierte, nos llama, nos reclama… nuestra posición de absolutos. E, insisto: eso no nos impide el que nos sintamos más o menos atraídos por… momentos, por instantes; no, fracciones; no, fractura; sí, intercambio; sí, comunión; sí, fusión; sí, interacción; sí, creación continuada.
Cada ser, a lo largo de su vida, se va llenando de prejuicios, y se enjuicia ¡en todo!: en cómo habla, en cómo escribe, en cómo anda, en lo que le pasa… ¡más! –más, más, más, más, más- todo lo que le rodea, que también opina sobre él –de cómo viste, de cómo huele, de cómo se peina-…
¡Parece que estamos en un juicio de exterminio permanente!… Así vive realmente el ser: en un ¡juicio de exterminio permanente! Ese es… el verdadero estrés:
“Estoy siendo juzgado permanentemente, con las pruebas –y más pruebas- que consigan lograr exterminarme. Y, a la vez, yo participo en jurados que… ¡buscan y buscan pruebas!, hasta exterminar al enjuiciado; que si bien no pude exterminarle a los 17 años, lo exterminaré –y conseguiré pruebas suficientes- a los 95, para demostrar que, a lo largo de todos esos años, ocultó su bronquitis. Y, en consecuencia, ¡ya decía yo que algo tenía que tener!; ¡que no podía ser sano! Queda condenado, por bronquítico crónico, a… el oxígeno permanente, y a vivir en una urna de cristal con aire medioambiental sano y fructífero”.
Sí. Tenemos que recurrir a… –no “parábolas”, precisamente- a absurdos, para darnos cuenta de que estamos en un prejuicio y juicio de exterminio permanente. Y unos se declaran con baja autoestima; otros se dicen que son maravillosos, pero los otros dicen: “¡Qué va!¡Son insoportables!”. Y así…
¿Para qué vamos a describir… ¡tanta fractura!, ¡tanta cojera!, tanto juicio de permanente extinción? No hace falta que venga un meteorito e impacte sobre la tierra, no; con el pensar actual, con la consciencia actual, se es capaz de exterminar a cualquiera.
Apliquémosle a un adulto, por ejemplo –de forma… así, clara, para verlo- ese prejuicio-juicio, de exterminio:
“¿No crees que estás engordando?
¿No te parece que… roncas demasiado?
¿Te has dado cuenta de que comes con ansiedad?
No sé, pero… tu vista ha perdido últimamente; necesitas lentes correctoras.
De vientre, últimamente vas estreñido, y… a veces te entra sueño por la mañana.
¿Te has dado cuenta de que… ya no eres tan alto como antes? ¿Sabes? Se van desecando los núcleos
pulposos intervertebrales, y bajas de altura.
¿Sabías que tu edad biológica es un poco mayor que tu edad cronológica?
¿Te has dado cuenta de que te estás quedando sin pelo, cuando lo normal es que tuvieras pelo? ¡Ah! Y está cambiando de color: antes era negro fornido, como azabache, y ahora es blanco pajizo, como una nube.
¡Eh, eh!, ¡espera, espera! ¿Te has dado cuenta de que te has vuelto intransigente, exigente, y que cada vez tienes menos amigos? ¿Te acuerdas de cuando tenías tantos amigos y lo pasabais tan bien? Y ahora tendrás dos o tres, ¡que vaya a saberse cuándo te traicionarán!
¿Recuerdas lo enamorado que estabas de tu mujer? ¡Ah! ¿Recuerdas el primer niño, con qué entusiasmo vivisteis el embarazo y el nacimiento? ¡Mírate ahora! El niño ha crecido y está en plena adolescencia. ¡Te mira y te rechaza!¡No has sabido enfocarlo adecuadamente!¡No, no lo has educado bien!
¿Te has fijado… te has fijado en que la nariz y las orejas te han crecido? ¿No? Mira, mira estas fotos, mira estas fotos”.
¿Cuánto creen ustedes que aguantaría un adulto, así? –un juicio de cinco horas, por ejemplo-. ¿No creen –como terapeutas, como seres- no creen que, al cabo de cinco horas así, ese ser moriría; enloquecería?
Ese es el prejuicio y juicio de exterminio permanente. Lo que ocurre es que, normalmente, no se coge al adulto y se le va soltando todo eso. ¡No! ¡Se le va soltando en cómodas dosis homeopáticas, para que se vaya muriendo poco a poco!; ¡para que vaya a descansar en paz en una cripta o en una fosa, o en un edificio por pisos y por plantas!
“Su muerto está en el quinto piso, habitación 327”.
Así se ha desarrollado –lejos de lo Absoluto, lejos de lo creacional- el ser. ¡Y así se va exterminando!…
Qué lejos está ese instante en el que la madre recogía en su regazo al recién nacido y, entre su calor y el pequeño calor del bebé, se hacía un capullo de ¡esperanza!, un aroma de… ¡de flor! ¿Cómo fue… que se estropeó? ¿Cómo fue que se fue deteriorando? ¿Cómo fue que se le fue enseñando? ¿Cómo fue que se le fue castigando? ¿Cómo fue que se le fue ordenando? ¿Cómo fue que se le “escolarizó”? ¿Cómo fue que se le “universalizó” como profesional? ¿Cómo fue que se le obligó a seguir una moral? ¡¿Cómo fue que se casó?! ¡¿Cómo fue que se convirtió en padre o madre de ejemplo excepcional, y, si no se seguían sus normas, nada valía?! ¿Cómo fue que se cansó? ¿Cómo fue que se dolió? ¿Cómo fue que terminó en un quirófano? ¡¿Cómo fue que terminó en una consulta o en una urgencia?! ¿Cómo fue…? ¿Cómo fue…? ¿Cómo fue que tanto deterioro se fue acumulando? ¿¡Sería que un prejuicio y un juicio constante y permanente!, encaminado a exterminarlo, lo consiguió?
Una consciencia de… ¡terminar! Una consciencia de empezar y ¡terminar!; y que, desde el momento en que empieza, ¡ya empieza a exterminar!… Y empieza a recordarle, al que crece y se desarrolla, que no va a llegar a nada; que se va a agotar, se va a romper:
-¡Ya verás!… cuando la edad te cunda, y todos…
-¿¡Todos!?
-¡Sí!, ¡todos!… te abandonen!¡Ya verás!… –te amenazan por aquí, te amenazan por allá- ¡Ya verás!, cuando oigas menos, ¡cuando veas peor!¡Ya verás!… cuando los reflejos te fallen. ¡Ya verás, cuando el deterioro natural se apodere de tu cuerpo!…
Y eso lo lleva usando, y lo lleva empleando, y lo lleva escuchando, el ser, desde que era joven, alto, apuesto, hermoso, ¡y con ganas de vivir! ¡Alguien le recordaba!: “!Ya verás!…”.
“Pero ¡ya verás!… ¡Sí! Ahora te lo pasas bien, ¡pero ya verás!… cómo, ésa o ése, te traicionará; cómo, ésa o ése, te venderá. ¡Ya verás!…”.
Y habitualmente se hace caso a esas visiones. Habitualmente, se las tiene en cuenta; ¡tan en cuenta!, que empezamos a replicar y empezamos a decirle: “Ya verás, hijo, cuando crezcas, lo malo que es el mundo. ¡Ya verás! Yo te voy a enseñar a defenderte. ¡Ya verás!… lo difícil que es llegar a la posición a la que ha llegado tu padre. ¡Ya verás!…”
No hay suficiente fuerza para decir:
-¡¡Para!! ¿Veré algo hermoso?, ¿veré algo bello?, ¿veré algo frondoso?, ¿veré algo magnífico…?
¡¿Dónde está mi abogado defensor?! ¿Dónde está?
-¡No!, querido. En este mundo, sólo hay fiscales y jueces… con martillos, con guillotinas, con horcas, con sillas eléctricas, ¡con inyecciones letales!… ¡Sí!, querido. Has llegado al mundo del exterminio. Se te ha criado y se te ha cuidado adecuadamente para empezar a educarte, desde el principio, en los buenos haceres, para que –poco a poco- vayas deteriorándote, y llegues a la edad adecuada –según la evolución en la que ya ¡no sirvas!, ¡no valgas!, ¡no tengas precio! Te vas depreciando, querido Lucas, con el tiempo: cada vez vales menos. ¿Recuerdas, querido Lucas, cuando tenías pectorales y culo erguido? ¡Ah!, ¡qué buenos tiempos aquéllos! Pero no me hiciste caso. Te dije: ‘Vendrá el deterioro’. En cambio, mientras, tú te divertías. Y ahora, te das cuenta de que tenía razón; y ahora, restriñes tus dientes y te desesperas, y deseas la muerte pronta como una liberación.”

La oración nos advierte de que eso no es la vida. De ahí que, hoy, en lo Absoluto, tengamos que… evocarnos y abocarnos, y alejarnos del dogmatismo de lo dual, alejarnos del relativismo permisivo y absolutamente personal, ¡egoísta!, ¡soberbio!, en el que cada uno tiene la verdad, pero “todo es relativo” a la vez –con lo cual, todos se pueden pelear-.
Quizás, quizás estemos en los albores de vibrar en Lo Absoluto, en donde la vida tiene el sentido de “verdad”. 
¡Quizás, entonces, haya que ensayar la sinceridad! ¡Quizás, entonces, haya que asumir el Misterio! Quizás haya que decidirse a AMAR… sin posesivas pertenencias, sin gustos particulares, sino más bien con el decoro de sentirse amado, y con la esperanza constante… ¡constantemente cumplida!, de amar, de entregarse, y de asumir, en el otro –¡que es ahí donde va lo Absoluto: cuando se ama de verdad!-, que no tiene “peros”; ¡que no tiene ninguna dificultad! Que todo va fluido; que todo va… sin fricción.
¡Sostenerse en ese momento! ¡Mantenerse en esa frecuencia!… Hacerse… verdaderamente nube… que descarga las bondades del agua; que se evapora para dejarnos ver el azul; que se hace canto cuando el viento se la lleva.
¡Ay!… ¡ay!

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