INTIMISMOS

En la “mismidad” de cada uno… hay un espacio prístino donde el ser es del universo, no puede poseer porque no está en su esencia… son las capas de creencias – que parecen de cada uno y sin embargo son colectivas (como muy bien recogió Jung) las que van escondiendo ese espacio libre y en consonancia con el universo que es el que nos acoge y sostiene.

Y ahí la alegría brota y fluye, sin querer poseer, sin necesitar quedarse.

Gracias, viajeros

 

ALMA – JAQUE – AL ALMA

14 – 9 – 2013

INTIMISMOS

“Cuando el amor está ahí y no trato de poseerlo, es el vínculo de alegría más grande del mundo”

J.: Padilla

Al hilo de la imagen elegida para esta entrada…(y es que estos días están siendo tan intensos en vivencias que no da tiempo-espacio- para casi compartirlas con ustedes) he recordado una vivencia preciosa de hace unos días en un merendero que es un bosque de robles por donde fluye un río de esos de cuento.

Era un merendero muy aprecidado, los fines de semana se llenaba de familias con niños, abuelos, padres, tíos venidos de ciudades donde emigraron… en fin, familias. Ahora parece que a los españoles (generalización que seguro no es válida) se nos ha olvidado ese tipo de forma de ir al campo y son familias de otras culturas las que disfrutan en ellos.

Pues me alegro y verán por qué (entre otras cosas). 

Estos últimos años, durante los meses de julio y agosto veíamos en este merendero parejitas jóvenes en grupo con niños, más grandes, más chicos. Un horror. Los niños aquí no sé por qué chillan tanto (¿será porque los padres no les escuchan y tienen que gritar para que les oígan? ni idea) o sea que ya para empezar un griterío y por otro lado los papás a gritos también, ellas y ellos, “fulanito, que te vas a caer” “no vayas por ahí” “ya te has manchado”… 

¡Pobres niños y pobres ellos que no saben confiar ni dejar que se caigan ni permitir que las cosas sucedan…!

El caso es que el domingo pasado el Finder y yo nos acercamos hasta allí a disfrutar del bosque, del río, de asar buena carne a la brasa… y cuando llegamos había un grupo de personas de Marruecos. Ellos sentados en mantas en el suelo, conversando, riéndose… ellas alrededor de una mesa preparando la comida, también riéndose, alegres… 

Llegamos, saludamos… todos sonrieron … nos dejaron una de sus lumbres para que pudiéramos asar sin tener que hacer la hoguera desde el principio… había niños (y sobre ellos es el propósito del añadido en esta entrada) y se oían sus juegos (¡¡¡sin gritos!!!).

Ya te quedas con el toque: los niños no gritan y sin embargo juegan. Y ¡los papás y las mamás tampoco les gritaban! ellas estaban a lo suyo, ellos también y los niños ¡a jugar! Se iban solos un rato y nadie les decía que a dónde iban ni que se iban a perder… y esas cositas que decimos aquí tan a menudo. 

Cuando ya entablamos más conversación con ellas y se lo comenté a la que parecía la “jefa” del clan, me dijo “claro, los niños tienen que jugar y caerse … si no lo hacen ahora… lo querrán hacer luego y entonces…”

Gracias amiga.  

No sé muy bien quién nos ha inculcado el protocolizarlo todo… está en nuestras manos dejar que el río fluya por su cauce.

Gracias viajeros, de nuevo.

 

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