LA FÁBULA DEL MONJE Y LA “PROSTITUTA”

Porque nos gustan las fábulas…

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LA FÁBULA DEL MONJE Y LA PROSTITUTA

Alejandro Jodorowsky: ¿Cómo reacciona un santo si una hermosa mujer lo desea? Una dama rica recogió a un monje mendigo y le construyó un templo en el fondo de su gran jardín. El supuesto santo meditaba el día entero y muchas personas venían a solicitar su bendición. Cierta vez llegó a verlo una exuberante prostituta. El monje, furioso la expulsó de su recinto sagrado. La mujer rica, al saber esto, furiosa, lo expulsó del jardín y mandó quemar el templo…. La siguiente historia cuenta algo muy diferente:

En una región a la que difícilmente se podía llegar, por lo abrupto del paisaje, un monje alcanzó la iluminación. La fama de su perfección se extendió por todo el país y multitud de alumnos llegaron a ponerse bajo su aura. El santo, inmóvil, mudo, insomne, meditaba incesantemente. Su cena era magra y su pureza inmensa. Sin que él se diera cuenta, un visitante hizo su retrato y, de regreso a la ciudad, comenzó a medrar vendiendo la efigie. Quiso el destino que una mujer pública, al ver ese rostro embebido de misterio, se enamorara perdidamente del santo. Vendió lo que tenía, abandonó sus clientes y partió hacia el remoto paraje. Después de incontables privaciones, con las ropas carcomidas por lluvias y tormentas de polvo, pero embellecida por la pasión, llegó ante el monje para caer de rodillas. Él, impertérrito, siguió meditando. Ella lo observó largamente: de ese hombre emanaba algo indecible, magnético, tan atractivo que sus ovarios se dilataron en incontenible deseo. Su naturaleza animal surgió como un torrente y, a pesar del frío invernal, despojándose de los harapos que la cubrían, desnuda, le ofreció su cuerpo esplendoroso. Los novatos, ante la carne tersa, incitante, sensual, al no poder contener los frenéticos latidos de sus corazones, se cubrieron los ojos, exclamando: “¡Sacrilegio! ¡Impudicia! ¡Muerte a la cortesana!” Sin embargo el santo, con un ademán, los detuvo, miró abiertamente a la mujer, sonrió y le propuso: “Ven conmigo a pasear”. La hembra sintió la voz masculina como una caricia en sus entrañas y, delirante de ansias, accedió. Los novatos, con el ceño fruncido, dudando de su maestro, los vieron alejarse tomados de la mano. Al llegar junto a un lago, rodeado por una pradera suave , la mujer hizo ademán de tenderse. El santo la alzó en brazos y la arrojó en las gélidas aguas. Cuando la rescató, la mujer, azul de frío, había perdido sus ímpetus amorosos. Cuenta la leyenda que fue una monja ejemplar que sirvió a su maestro con una sublime devoción.

-El placer de pensar 86-

Imagen: Lucas Toro

Fuente: http://planosinfin.com/la-fabula-del-monje-y-la-prostituta/

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