LAS COSAS YA NO SON LO QUE ERAN CUANDO NOSOTROS CAMBIAMOS

Así es, para que un gusano se transforme en mariposa debe estar preparado para dejar atrás al gusano y cuando se transforma en mariposa… ¿se imaginan qué diferente ve el mundo? ¿se imaginan que no se dejara, que no quisiera verlo como una mariposa volandera sino que quisiera que la mariposa se arrastrara? ¿a que no? 

Algo así hacemos los seres de humanidad cuando nos ponemos trabas a la mutación, a la transformación. En muchos casos, como el que cuenta Alejandro en la entrada que comparto, es por “fidelidad familiar, fidelidad al clan” y esta fidelidad es una de las zancadillas más fuertes que nos ponemos a nuestra propia evolución, a nuestra personal felicidad. 

Dénle una pensadita a las actitudes, sucesos que se repiten en su vida y vean si hay esa fidelidad al clan que no “me” deja volar. 

Gracias

LAS COSAS YA NO SON LO QUE ERAN CUANDO NOSOTROS CAMBIAMOS

Alejandro Jodorowsky: Este chiste es muy sutil. A mí no me hizo ni siquiera sonreír. Al comienzo me pareció incomprensible. Luego descubrí su profundidad:

“Alguien va a ver a un amigo muy enfermo. Lo saluda: ¡Hola, ¿me reconoces! El enfermo le responde: ¡No! ¡He cambiado mucho!”

La cosas ya no son lo que eran cuando nosotros cambiamos. Y es bueno y esencialmente necesario que las cosas no estén estancadas, que sean fluidas, la vida es cambio continuo.

Pero para que las cosas cambien, debemos aceptar la transformación de nosotros mismos, es decir rendirnos, dejar desmoronarse las ideas locas que impiden el desarrollo de nuestra mente, dejar que los nuevos sentimientos hagan estallar los diques que encierran a nuestro corazón, dejar que las morales obsoletas dejen fluir nuestros sanos deseos, permitir a nuestro cuerpo entregarse a la alegría de vivir, sin temer a las amenazas continuas con que los políticos y mafias económicas nos controlan.

 

Si en el trabajo, o en tu vida sentimental, te someten a injusticias, no debes menospreciarte, debes tomar esas injusticias como demostraciones, como saludables fracasos. “Este camino por el que te empeñas en marchar, no es el tuyo, no te conviene, acepta el fracaso para que cambies por fin de camino, ríndete!” Vi a mi amigo Jean Pierre Vigneau, Maestro de karate-do, hacer una demostración atacando a un alumno. Esta demostración fue perfecta, no sólo por la inmensa maestría de mi amigo, sino también porque su discípulo se rendía a cada ataque, a cada empujón rodaba por el suelo, al ser bombardeado con golpes que se detenían a un milímetro de su cuerpo, no se movía, entregándose con una confianza ciega. Si hubiera tenido la más leve duda, le habrían quebrado un hueso. Viendo esto comprendí que ante los embates de la “realidad” (el mundo artificial que crean los seres ávidos de poder) no hay que resistir de frente sino plegarse (recuerda la fábula del árbol que resiste al huracán y es quebrado, y el bambú que se dobla y dejándolo pasar queda indemne). Debemos convertir a las adversidades en Maestros.

La única forma de liberarnos de nuestros problemas, es cambiar, mutar mentalmente, emocionalmente, creatívamente. Mi Maestrd Zen, Ejo Takata, decía:

“Para estar bien de pie hay que haber caído muchas veces. El que no sabe caer, no es dueño de su equilibrio. El que no acepta con humildad el fracaso, no puede triunfar. Se triunfa aprendiendo a fracasar.”

“El paciente: ¿Doctor, qué es la salud?. El médico: ¡Es un equilibrio inestable!… ¿Y la enfermedad?. ¡Es un desequilibrio estable!”

Hay personas que se sienten muy estables cuando tienen una enfermedad y desde que recuperan la salud, se angustian. En cuanto la felicidad les llega, se sienten en peligro porque pierden la estabilidad del drama, la estabilidad del sufrimiento….

Conozco a un muchacho, músico de rock, que se da cortes en los brazos con una hoja de afeitar , porque sufre intensamente. Prefiere sentir el dolor en su carne que en su alma. Analizando su árbol genealógico me enteré que su padre había muerto en un accidente de moto, cuando él era un niño pequeño. Su madre, para siempre viuda, veía al mundo como un lago de sufrimiento… Este muchacho, cada vez que tiene una alegría, se siente culpable ante su madre tan triste. Por eso se da cortes en los brazos, como castigo. Cuando sufre tiene el goce del sufrimiento, porque el sufrimiento lo iguala a su madre. Y es así como logra el amor de ella, ambos viven juntos en el desequilibrio estable del odio al mundo. Cada vez que llega al equilibrio estable de la alegría, la destruye.

Fuente: http://planosinfin.com/la-cosas-ya-son-lo-que-eran-cuando-nosotros-cambiamos-2/

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