TORTÍCOLIS Y SU RELACIÓN EMOCIONAL

En el verano pasa mucho ¿verdad? y a menudo ponemos la justificación de la “corriente de aire” y esas cositas. Ya van a ver que por ahí no van las cosas, ja ja. Lo que también nos alivia porque no es algo externo que nos hace daño sino una forma de vivir con poca o nula flexibilidad y eso está en nuestra mano transformarlo ¿o no? Pues claro.

Un gusto como siempre. Gracias

La tortícolis es un síndrome, agudo o crónico, caracterizado por una inclinación de la cabeza sobre el cuello, que ocasiona una postura defectuosa, involuntaria, permanente o intermitente y, en general, dolorosa. Véase dolor en el cuello, agregando que es interesante señalar que en la descripción médica se dice que la tortícolis ocasiona una postura viciosa (esta palabra aquí significa tener una mala inclinación). Es posible que la persona que sufre de tortícolis se sienta prisionera en un círculo vicioso, es decir, en una situación en la cual se siente encerrada. Le resulta difícil vivir su momento presente.
Si el dolor le impide decir “no” con la cabeza, ello significa que esta persona desea profundamente decirle “no” a alguien o a algo, pero no se lo permite.

Si el dolor le impide decir “SÍ”, quisiera decirle “SÍ” a una persona o a una situación. La persona que padece tortícolis adoptó una mala inclinación y debe rectificar, generalmente, corrigiendo.

El tortícolis demuestra, entre otras cosas, que vivo inseguridad. Tengo resistencias en ver todas las facetas de situaciones que estoy viviendo. Mis músculos del cuello se contraen, mi cuello se pone rígido y no consigo girar la cabeza.

Mi inflexibilidad me impide apreciar la ayuda que desean traerme y que ayudaría a hacer evolucionar las cosas que me parecen difíciles. Prefiero mantener la cabeza derecha y asociar mi mal a un “enfriamiento”. Tengo interés en tomar consciencia de que esta frialdad más bien afectó mi corazón, provocando así un bloqueo de energía.

Puedo también intentar huir de una situación incómoda que me pide afirmarme y tomar posición. También es importante que me pare para constatar en cuál dirección rechazo mirar o cuál es la cosa que me obstino en mirar, decir o hacer y que me “beneficia”…

Si aceptase abrirme a un nuevo modo de ver las cosas o a nuevas ideas, mi vida sería quizás muy mejorada y mi torticolis desaparecería. ¿Quizás haya una persona, una cosa o una situación que quisiera y que, al mismo tiempo, no quisiera mirar a causa de mi timidez, mi vergüenza o mi sentido moral que es muy fuerte?

Si la rigidez impide que mi cabeza gire de izquierda a derecha, puedo preguntarme si sé a quién o a qué me niego a decir “no”. Si al contrario, tengo dificultad para decir sí con mi cabeza, es quizás porque rechazo de entrada nuevas ideas. Mi cuerpo me dice de aceptar ver y apreciar el instante presente y reconocer todas las nuevas cosas que forman parte de mi vida.

Fuente: http://barcelonalternativa.es/torticolis-y-su-relacion-emocional/

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